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Reflexionando sobre la reflexión

Que la reflexión es una práctica docente lo hemos escuchado muchas veces, pero ¿realmente se lleva a cabo en la docencia? Continuamente los profesores nos insisten en la universidad acerca de la importancia de reflexionar para mejorar la práctica docente, para mejorar nuestros resultados, para establecer unos contenidos, etc. Hay que reflexionar, eso está claro. Lo que no está claro es cómo hacerlo.
En el texto de “Desarrollo sobre la práctica reflexiva: el diálogo reflexivo del docente con sus colegas” se propone la estrategia de reflexionar primero en solitario y después con otros profesionales, porque son un punto de vista diferente, y obviamente aportan mucho sobre aspectos de la persona y sobre su práctica educativa de los que uno mismo no es consciente. Lo que me ha llamado la atención es que no se menciona la posibilidad de conversar con los alumnos. Un docente puede fijarse en los aspectos positivos y negativos que otro presenta en su práctica educativa y le puede ayudar a mejorar, pero ¿acaso no puede hacer eso un alumno también? Con esto me refiero a que nosotros, los alumnos, nos damos cuenta de las estrategias que son efectivas y las que no, sabemos el trato que nos gusta recibir de un profesor, sabemos qué es lo que necesitamos y lo que no en nuestro proceso de aprendizaje. No se tiene en cuenta la opinión de los alumnos, que son uno de los integrantes más importantes del proceso de enseñanza-aprendizaje, y este es uno de los principales problemas de la educación actual. Como hemos visto en “La educación prohibida”, es muy importante saber qué necesitan, qué opinan y cómo se sienten los alumnos en beneficio de su propio desarrollo; pero también su opinión es imprescindible para el docente a la hora de reflexionar sobre su práctica educativa. Si los alumnos se sienten satisfechos, entonces se está yendo por el buen camino, pero por el contrario, si no lo están, lo mejor sería preguntar qué creen ellos que se debe cambiar. Es decir, que el diálogo reflexivo también se lleve a cabo con los alumnos y hacerles partícipes del proceso de mejora.
Mediante esta investigación por parte del profesor con sus alumnos, indagando sobre qué necesidades tienen ellos y qué fallos ven, además de servirle al maestro, se fomenta el juicio crítico de los alumnos, quienes a su vez estarán contribuyendo a una mejora de la educación y de la sociedad, dando también una respuesta al docente acerca de lo que debe mejorar.
De esta forma el profesor, ya sea mediante el diálogo con otros docentes o con sus alumnos, daría comienzo a la espiral de ciclos de la investigación-acción, en la que se parte de la elaboración de un plan de acción con el fin de mejorar su práctica. El siguiente paso sería la acción, es decir, llevar a cabo dicho plan y posteriormente realizar una observación para poder evaluar el proceso. Por último, se llevaría a cabo una reflexión, ya sea individual o grupal, que permitiría cavilar si sería necesario cambiar algo de nuevo y formular un nuevo plan, iniciándose así un nuevo ciclo de investigación-acción.

Con esto podemos observar que la investigación en la educación es un proceso continuo en el que se está constantemente reflexionando para mejorar la práctica educativa de los docentes, contribuyendo así a una mejora de la educación y con ello de la sociedad.
En este proceso vemos reflejada la importancia de la innovación en la educación, de ir más allá y buscar cómo mejorar, qué es lo que más beneficia a cada integrante de la comunidad educativa para conseguir un fin último, que es un aprendizaje y un desarrollo adecuado. Y con aprendizaje no me refiero a conseguir encontrar la técnica adecuada para lograr que los alumnos adquieran todos los conocimientos establecidos en el currículo, de forma que se logre el objetivo que tanto preocupa hoy en día y que está enfocado al mundo laboral. No, una práctica educativa eficiente no es aquella que consigue que un alumno memorice un libro entero para plasmarlo en una prueba escrita y conseguir así un trabajo remunerado y servir a la sociedad actual. Una práctica educativa eficiente la lleva a cabo aquel docente que se preocupa por sus alumnos, por su bienestar, por su adecuado desarrollo, no solo a nivel intelectual sino también a nivel emocional, social y físico. Un docente eficiente es, en mi opinión, aquél que investiga, busca las estrategias para conseguir lo mejor para sus alumnos. Que un profesor lleve a cabo la investigación-acción en el aula beneficia también a sus alumnos porque si él sabe la importancia del trabajo colaborativo, de la búsqueda de información, de técnicas de registro diferentes, de nuevas técnicas y estrategias buscando siempre la mejor… entonces será capaz de transmitírselo a los alumnos. Y si estos además forman parte del proceso, como he mencionado antes, entonces el beneficio será sin duda mutuo. Y con ello no solo mejoraría el sistema educativo, sino que también mejoraría la sociedad, porque mediante la innovación educativa y la investigación-acción se potenciarían muchas más habilidades de los alumnos, y estos no mostrarían tanta competitividad entre ellos por conseguir la mejor nota, sino que colaborarían entre ellos, como hemos visto en clase con los Proyectos basados en las inteligencias múltiples del colegio Monserrat de Barcelona, en el que se fomentaba la colaboración entre los alumnos entre otras muchas habilidades, y en el que esto es posible porque la innovación está a la orden del día en el centro. Llevar a cabo estos Proyectos de Comprensión beneficia en gran medida a los alumnos, sobre todo si se lleva a cabo desde infantil, ya que se trata de la etapa más importante en el desarrollo de los niños.  
Hemos estudiado en más de una ocasión lo beneficioso de la aplicación de estos proyectos, en los que es importante partir de lo que ya sabe cada alumno. También hemos visto la importancia de hacerse preguntas, al igual que es importante que el docente se las haga para mejorar su práctica. ¿Y esto por qué lo sabemos? Porque en su día se investigó, y la teoría se llevó a la práctica, y gracias a esa investigación que una serie de docentes realizaron, sabemos que hay determinados métodos que benefician en gran medida a los alumnos. Gracias a esa investigación, al cuestionamiento que llevaron a cabo, a la planificación y la reflexión que realizaron para mejorar la práctica docente, la educación ha mejorado, aunque no todo lo que debería.

No hay que dejar de innovar, de investigar, de intentar mejorar la educación, tanto en infantil como en primaria o en la universidad, buscando los mejores métodos y estrategias para llevar a cabo un aprendizaje significativo. Y en este último grupo, el de universitarios, sobre todo en los de mi categoría, los futuros maestros, es imprescindible estar en continua formación, reflexionar sobre lo que ya sabemos y lo que nos falta por saber, cuestionarnos, observar lo que hacemos y lo que hacen los demás con el fin último del cambio, yendo este siempre a mejor.

Quizás solo haga falta innovar un poco más en la educación universitaria, en la enseñanza, para que veamos, aún más, la importancia de esto y lo beneficioso que puede llegar a ser. Para que nosotros, los futuros maestros, llevemos esto a cabo cuando estemos en un aula, para que la nueva generación de maestros le demos el cambio que necesita a la educación, teniendo siempre en cuenta que lo más importante es el alumno, y buscando siempre la manera de proporcionarle el mayor beneficio posible.

Laura de Loma Romero.

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